Homilía del día

MARTES 20 DE ENERO DE 2026.

Continuamos leyendo en la primera lectura el libro de Samuel. La semana pasada la lección del primer rey del pueblo de Israel y hoy la elección del segundo rey, el Rey David. Dios no deja de actuar en la historia y elige a un hombre normal, el mas pequeño lo de sus hermanos y además de una aldea sencilla. El mensaje de la primera lectura es precioso: Dios no se deja impresionar por apariencias, El se fija en los corazones, en la disposición interior, desde donde su Gracia puede trabajar mejor.

Dios elija a David, un hombre sencillo para ser su colaborador en la constitución y guía de su pueblo. Dios rompe nuestros esquemas tan cuadrados de alta preparación, presentación y curriculum… colaborador de Dios puede ser cualquiera, cada uno de nosotros.

Esto se entiende también a la luz del Evangelio de hoy. Jesús rompe esos esquemas que reducen al ser humano, que lo encajonan y no le dan mas margen para una participación real. Como muchos lo han dicho: quizás el mal en el mundo sea una falta de participación de nuestra bondad. La existencia del mal en todas sus expresiones, como ausencia del bien.

Ahora pensemos en todo lo bueno que hacemos. Desde lo más sencillo, silencioso y ordinario. El mundo funciona por esa bondad rutinaria y anónima muchas veces con esfuerzo y sacrificio, otras veces sin reconocimiento y sin ver los resultados pronto.

Pienso en la misa diaria. El hecho de estar aquí. El contacto con la Palabra que ilumina y dirige y la comunión con Jesús que fortalece.

El mundo se va construyendo y redimiendo de pequeños actos de amor, reconciliación y bondad. Todo esto es participación en el proyecto salvador de Dios. Así como algunas vez el rey David, como en su momento los primeros discípulos, también hoy nosotros estamos llamados a esta colaboración.

Que la Palabra de Dios toque nuestro corazón y la comunión con El nos fortalezca en nuestros buenos propósitos. Amén.

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