01 - El caminito de la pequeñez

En el libro Historia de un alma, Santa Teresita del Niño Jesús escribió:

“Mi constante deseo ha sido llegar a ser santa. Pero, por desgracia, cuantas veces me he comparado con los santos, he comprobado que existe entre ellos y yo la misma diferencia que notamos entre una montaña cuya cumbre se pierde en las nubes y el humilde grano de arena pisoteado por los caminantes.

Mas, en vez de desalentarme, me digo que es imposible que Dios inspire deseos irrealizables, y que, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad.”

Una santa y doctora de la Iglesia Católica, que murió a los 24 años, veía la santidad como algo difícil de alcanzar. Se comparaba con un pequeño grano de arena pisoteado frente a una gran montaña.

Si ella pensaba así, ¿qué seremos tú y yo, Filotea, comparados con ese pequeño grano de arena?

Sin embargo, en lugar de hundirse en la frustración por no lograr ser una “gran alma” o realizar los grandes sacrificios de otros santos, Teresita logra ver la voluntad de Dios. Está segura de que Él no inspira deseos irrealizables y que, a pesar de su pequeñez, sí puede aspirar a la santidad.

Piensa en todos los deseos y anhelos que habitan en tu corazón —ayudar a tu familia, crecer en el trabajo, tener más tiempo para orar, abandonar algún pecado, resistir la tentación, ser mejor hijo, mejor esposa…—.

¿De dónde crees que nace esa inspiración?

Seguía escribiendo Santa Teresita:

“Estamos en el siglo de los inventos. Ahora ya no se necesita subir los peldaños de una escalera; un ascensor los reemplaza ventajosamente. También yo quisiera encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la ruda escalera de la perfección.”

El camino hacia Dios es rudo, y nosotros somos pequeños.

Entonces, ¿cómo aspiramos a llegar a Él?

Jesús invita a los niños, a los pequeños, a los pecadores, a los enfermos… para que lo sigan. También te invita a ti. Está contigo, enseñándote y llevándote de la mano. Él quiere que lo busques y que camines a su lado. Con Él puedes alcanzar los anhelos más profundos de tu corazón.

Tal vez sientas que, entre tantos problemas, pendientes o la falta de tiempo, motivación o acompañamiento, esos deseos se quedan solo en eso: deseos.

Pero no te rindas. Necesitas subir los peldaños, enfrentar lo que te impide acercarte a Él. No te dejes hundir en la frustración: Dios no pone en ti deseos imposibles. Ve tras ellos, esfuérzate por alcanzarlos y no dudes de ti, porque la mejor compañía ya la tienes: Jesús va a tu lado, abriendo el camino y levantándote si tropiezas.

Y Teresita concluye con estas palabras:

“Tus brazos, ¡oh Jesús mío!, son el ascensor que ha de elevarme hasta el cielo. Para esto no necesito crecer, sino, al contrario, quedar pequeña, achicarme cada vez más.”

Para ella, “el caminito”, como lo llama, consiste en las cosas ordinarias y en la pequeñez.

Y todos tenemos en nuestras vidas lo ordinario y lo pequeño.

Basta con encontrar allí Su voluntad.

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