Evangelio del Día

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

27 DE SEPTIEMBRE DEL 2026

Mateo 2I, 28-32.

“Un hombre tenía dos hijos”

¡Queridos hermanos, feliz domingo día del Señor!

 

Llegamos al vigésimo sexto domingo del tiempo ordinario, nuestra Madre la Iglesia nos invita a reflexionar la parábola de los dos hijos. Estas palabras proclamadas hoy en el evangelio fueron dichas un poco antes de la pasión del Señor, son la antesala: unos versículos atrás en el mismo evangelio, encontramos a Jesús en controversia con las autoridades religiosas; de este contexto brota la enseñanza de Jesús.

¿Qué vale más, las palabras o las acciones? Las autoridades religiosas no dejan que el mensaje del evangelio transforme su vida: Ellos eran personas que pensaban tener la razón, se creían dueños de la voluntad de Dios, no se equivocaban, al grado de creerse mejor que los demás, marcaban quien era pecador, quien merecía la salvación y quien se condenaba.

Identifiquemos los personajes: el padre representa a Dios, la viña es el pueblo de Israel, para nosotros la viña representa a la Iglesia y también el proyecto de Dios en cada vida huma, los dos hijos representan la libertad de elegir; acoger el proyecto o dejarlo, dicha libertad que nos regaló Dios al crearnos a su imagen y semejanza.

El domingo pasado reconocimos como nuestro Padre celestial es exageradamente bueno; sale a nuestro encuentro y nos invita a colaborar. En este domingo también nuestro Padre celestial, con los dos hijos del evangelio invita a la libertad de colaborar, o no, en el Reino; trabajar por el mejor proyecto, ser colaboradores, porque el mejor proyecto siempre es el de Dios.  

El primer hijo lo mando a trabajar, él respondió: no quiero, pero después se arrepintió y fue: El primer hijo para el tiempo de Jesús, representa a los publicanos y prostitutas que se adelantan al Reino de los Cielos; para nosotros son todos aquellos hombres y mujeres de todos los tiempos que por diferentes circunstancias se han equivocado, viviendo en pecado, atrapados en torbellinos. Pero Dios que es bueno, mira su arrepentimiento, se alejan de su mala vida, aceptan la voluntad de Dios y se esfuerzan en trabajar su conversión.

El segundo hijo, también lo mandó a trabajar: respondió voy, Señor, pero no fue:este hijo representa a las autoridades religiosas; sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, también aquellos que le decimos; sí a Dios, pero hacemos lo contrario. Estos obedecen solo de apariencia, de palabras, pero su obrar está lejos de la voluntad de Dios, por esto Jesús dijo; ¨hagan todo lo que les digan, pero no imiten sus obras¨ (Mt23,3).

La reflexión para nuestra vida espiritual: en primera persona puede ser ¿Cuál de los dos hijos soy? El hijo que le dice a Dios que no, pero se arrepiente y empieza a cumplir la voluntad de Dios: puede ser que por muchos años le decías a Dios, no; pero llegó el momento donde entendiste y empezaste a cumplir la voluntad del Padre. O somos el otro hijo que le decimos que sí a Dios; pero a la ora de actuar, no hacemos lo que el Padre le agrada.

Pidamos al Señor; enséñame a cumplir tu voluntad, voluntad que como: la Virgen, los santos y tantos hombres de buena voluntad han entendido como el mejor proyecto.

¡Dios bendiga su semana y que María santísima los acompañe!

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