Evangelio del Día

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO

20 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Mateo 20,1-16

El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña”

Estamos ya en el vigésimo quinto domingo del tiempo ordinario, la liturgia de la Iglesia nos invita a reflexionar la parábola de los trabajadores de la viña, o lo que es mejor “el dueño bueno de la viña” ya que el protagonista es el dueño bondadoso que salió a contratar trabajadores.  

Comencemos identificando los personajes que ocupan el texto evangélico; ya que, a cada uno le podemos poner un significado: El dueño de la viña que sale a contratar es Dios Padre; Nuestro Dios y Señor que sale a buscar, marcando así la pauta de su plan divino de salvación. No es el hombre quien busca a Dios, es Dios, que siempre toma la iniciativa al buscar el corazón extraviado de cada hombre, para ejecutar su plan divino de salvación; esto es lo que hace tan especial nuestra fe cristiana.

Los jornaleros que trabajan todo el día: representan a todos los que están cerca de Dios, como en su tiempo creían ser el pueblo de Israel, pueblo de Dios. Hoy podríamos decir que son todos aquellos bautizados que se comprometen de día con día en su fe; los que van cada ocho días a su misa dominical, los que sirven en un apostolado, religiosos y sacerdotes, etcétera.  

Los jornaleros contratados a medio día representan: todos aquellos que estaban anclados en situaciones diversas de pecado. El Señor salió y los contrató; es decir los rescató, fueron encontrados por Dios e iniciaron el camino de conversión. Lo que el Señor Jesús dijo en una ocasión; “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se han adelantado en el reino de los cielos” (Mt 21,31). Los mismos que hoy, muchos se encuentran con Cristo y comienzan a caminar por el sendero de la conversión.

Los jornaleros que llegan al final del día: son todos aquellos que llegan al último, los que ignoran toda su vida a Dios; pueden ser familiares, amigos, conocidos que al final de sus días aceptan el perdón de Dios. “los últimos serán los primeros y los primeros serán últimos” (Mt 20,16) esta es la dinámica de Dios; promete un pago de un denario a cada jornalero y al final cumple pagando a todos por igual.

Por último, encontramos el administrador o mayordomo: sin duda es Cristo el Señor, paga a todos por igual. Dios es justo, pero lo que podemos admirar de la parábola es la gran bondad de Dios; bondad que a veces mal interpretamos cayendo en la tentación de creer que somos buenos y por eso merecemos mejor paga, o peor aún, confiarnos y decir que al final de nuestra vida Dios nos va a perdonar todo.

Podemos concluir que la lógica de Dios es distinta a la nuestra “porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos” (Is 55,8) Dios es infinitamente bondadoso. Es lo que esta parábola dominical nos enseña; el Señor paga a todos por igual por que es bueno, es decir, quiere que todos los hombres se salven. El denario representa nuestra salvación.

Queridos hermanos, sigamos esforzándonos por nuestra salvación y continuemosextendiendo el Reino de los Cielos a todos los hombres que un no conocen a Cristo. Que podamos decir como pablo “porque para mí la vida es Cristo” (Fil1,20). Si estamos en el camino de conversión: nos queda más que el esfuerzo de todos los días, hacer el bien, evangelizar y transformar nuestro entorno. Tengamos paciencia con los que van llegando y con los que llegan al final; recuerda que Dios es bueno, es la misma paga para todos: La salvación, el Cielo, el Reino.

“El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus creaturas.” Salmo 144


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