De la búsqueda al encuentro: cómo nace la fe
“Los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor respondió: “Si ustedes tienen un poco de fe, no más grande que un granito de mostaza, dirán a ese árbol: Arráncate y plántate en el mar, y el árbol les obedecerá” (Lc 17, 5-6).
El pasado sábado 22 de noviembre se llevó a cabo el retiro parroquial 2025, cuyo tema central fue la fe. El tema inicial fue impartido por Monseñor Francisco, obispo auxiliar de Puebla, y, en grandes rasgos, esto fue lo que pude rescatar y reflexionar:
¿De dónde nace la confianza en el Señor? Pero la confianza verdadera, esa en la que nos lanzamos ciegamente a lo desconocido —a lo que tanto miedo nos da— sabiendo que Dios nos sostiene en sus brazos.
Esa es la fe: la confianza que nace del trato con Jesús.
“La fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca el sentido último de su vida. Por ello consideramos primeramente esta búsqueda del hombre, a continuación, la Revelación divina, por la cual Dios viene al encuentro del hombre, y finalmente la respuesta de la fe.” (CIC 26)
Podemos decir que la fe es un regalo continuo de Dios que no se agota; es una virtud sobrenatural, es decir, es Dios mismo quien la da. Él toma la iniciativa y viene a nuestro encuentro. No nace solo del esfuerzo humano, pero sí nos corresponde responder a ese regalo con confianza.
Dios se revela a nosotros a través de aquello que Él ha querido que conozcamos: por medio de las Sagradas Escrituras, de la Tradición (lo aprendido y transmitido siguiendo el ejemplo de Jesús, guiados por el Espíritu Santo) y del Magisterio (lo que los obispos, en comunión con el Papa, enseñan conforme a la voluntad de Dios).
Finalmente, queda en nosotros responder con fe.
¿Y cómo consigo tener fe?
La fe nace del trato con Jesús, que nos hace crecer en cercanía con Dios para pensar, sentir y ver como Él. Sí, es un regalo de Dios, pero no debemos esperarlo pasivamente: también debemos ir tras él por medio de la oración personal —pidiendo a Dios que nos aumente la fe—, de la lectura y meditación de la Palabra, y de la vivencia de los sacramentos. Todo es un proceso, y Él mismo nos va conduciendo paso a paso.
Algunas características especiales de la fe son que es una gracia, no una conquista; requiere también de nuestras facultades humanas, a pesar de nuestras limitaciones; es personal, pero se vive y se nutre en comunidad, pues debe llevarnos a producir frutos a través del servicio.
“Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita. Y sería fácil decirle a uno: Tú tienes fe, pero yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras.” (Sant 2, 17-18)
Hagamos uso de este regalo. Cuando lleguen los momentos difíciles, pidamos más fe, y caminemos de la mano del Señor para que después podamos compartir los frutos que ella produce en nuestra vida.
Para reflexionar, Monseñor Francisco nos compartía estas preguntas, te invito a que también puedas reflexionar con ellas:
• ¿En quién creo?
• ¿En qué creo?
• ¿En qué confío?
• ¿A qué le regalo mi corazón y vida?
Creo Señor, pero aumenta mi fe.